Fin de semana en Medina de Rioseco, un pueblo de la provincia de Valladolid con muchos atractivos, como vamos a ver a continuación; arte, gastronomía, deporte, naturaleza....
Llegamos un viernes por la tarde y para alojarnos elegimos el Hotel Vittoria Colonna. La habitación confortable, daba a la parte de atrás y el silencio casi total se agradece para un buen descanso. Digo casi total porque siempre hay algún vecino maleducado que piensa que está solo y se dedica a dar voces por los pasillos haciéndonos partícipes de sus conversaciones. El baño limpio y amplio, la ducha buena. El dueño muy amable nos dio algunas pistas para posteriores escapadas.
Lo primero que hacemos es acercarnos a la dársena del canal de Castilla, ramal de campos. El sol hace que los colores sean preciosos. Nos informamos de horarios porque volveremos para hacer el paseo en barco también para alquilar bicicletas.
Damos una vuelta por el centro del pueblo que tiene un encanto especial, sobre todo las enormes iglesias y la calle principal con sus preciosos soportales de madera. Conserva el encanto de lo viejo, y más con las luces ya caída la noche. Algunas tiendas se conservan a través de los años, quizás que más me gusta es la del zapatero en la calle principal, hoy en día aún en uso, con sus puertas torcidas. No tuvo la misma suerte el cine que nos deja ver sus antiguas taquillas a través de una ventana rota. Llegamos hasta el Rioseco cuyo nombre ya indica que no tiene nada de particular, pero justo antes nos adentramos en un parque con arboles enormes digno de esta ciudad pero que parece debería estar en otra de mayor población. Precioso.
Para cenar elegimos el Casa Manolo, en la calle Armas 2, perpendicular a la calle principal, una elección estupenda. Comimos una ensalada de ventresca enorme que estaba para chuparse los dedos y unos champiñones con jamón también muy buenos. Ni que decir tiene que en estos pueblos hasta el pan está buenísimo.
Después un poleo en el Rincón de Unamuno, muy muy agradable y acogedor.
Sábado
El sábado desayunamos un chocolate con churros y zumo de naranja en una churrería que hay justo en frente del hotel y a las 11 comenzaba nuestra primera visita guiada.
Compramos un bono para visitar las iglesias de Santa María y Santiago, Museo San Francisco, Museo de Semana Santa y el viaje en barco.
Iglesia de Santa María de la Mediavilla. Como siempre un buen guía hace que todo se vea con otros ojos y ho la explicación de Jose en la capilla de los Benavente (llamada Capilla Sixtina de Castilla) es verdaderamente apasionante. Cada detalle tiene sentido, incluso el relleno por el "miedo al vacío" o los toques de humor con el duendecillo que parece asomarse al vacío desde una de las columnas.
Por falta de tiempo nos quedamos sin ver en detalle el retablo, pero luego volveremos a verlo con calma aprovechando la misa de las 8.
Nos dirigimos después a la Iglesia de Santiago Apóstol, otra mole que es una maravilla. Debería tener dos torres paralelas pero solo vemos una. Nada mas entrar nuestra vista se va directa al imponente retablo. Se prepara una boda, en Santa María había habido un entierro.
Nos dirigimos después al Museo de San Francisco. Un audiovisual nos va detallando todo el recorrido.
Son casi las 2, están a punto de cerrar, pero aún nos dejan ver el Museo de Semana Santa. Varios pasos magestuosos al igual que el edificio.
Para comer nos gustó la pinta del restaurante Pasos y de nuevo la intuición fue buena. Un comedor bonito, un servicio muy amable y la calidad de primera. Un salmorejo que para ser sinceros hasta supera el mío, yo una lubina con patatas bien cocinada y presentada y él un atún en su punto. La tarta de la abuela de galletas y chocolate estaba buena, pero no logró sorprenderme. En conjunto un sobresaliente.
Nos acercamos hacia la dársena y a las 5 llegamos a la visita guiada a la fábrica de harinas. De nuevo la guía hace que sea muy interesante entender el proceso.
A las 6 paseo en barco por el canal de Castilla, ramal de Campos. Elegimos la visita de 1 hora. No te lleva hasta la esclusa, pero es precioso navegar con calma bajo los chopos.
Intentamos pasear un poco por el canal pero enseguida unas señoras nos alertan de que empiezan a molestar los mosquitos, así que nos vamos para el pueblo.
Para hacer tiempo hasta la hora de cenar a las 8 nos metemos a misa en Santa María. El lleno es total. Aprovechamos para poder admirar el retablo.
Ya es hora de cenar y elegimos el Bar Asturias, en la calle principal. Estuvo bien. Nos quedamos con las ganas de tomar una horchata en un bar que vimos allí cerca, pero cerró para cuando salimos, asi que nos retiramos a descansar, que el día ya ha sido intenso.
Domingo
Desayunos en uno de los pocos bares abiertos. Esta vez nada que reseñar, un café y un bollo, sin mas.A las 10 ya estamos esperando a que abran el lugar donde alquilan bicicletas, justo al lado de las entradas del barco.
Alquilamos bici para una hora, son 4 euros por persona, pero nos encontramos muy cómodos y se convertirán en dos. El paseo es precioso, llegamos hasta la primera esclusa, que en realidad es la número 7, bueno, en realidad un poco más allá, justo hasta el viaducto sobre el Rioseco, que por aquí si que lleva agua. Un total de 16 km. Merece la pena. Nos encontramos con gente andando, corriendo o andando en bici, pero no en exceso, lo cual me extraña, pero quizás sea mejor así. Fabuloso.
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Como siempre hay que dejar algo para otra visita no nos acercamos a la ermita de Castilviejo, pero volveremos para conocer la leyenda del cristo que sudaba. Nos vamos hacia Nava del Rey, otra joya poco conocida nos espera.














