Después del
paseo matutino por la Ciudad Encantada cogimos rumbo dirección Madrid pero nos
esperaba otra interesantísima parada, el Monasterio de Uclés.
Como era la
hora de comer intentamos buscar un lugar con encanto para picar algo, y lo
encontramos, la Casa Palacio, una casa rural en la que no me importaría pasar
al menos una noche en alguna ocasión, ya que solamente el patio interior
enamora a cualquiera. Lástima que el servicio fuese un poco lento y tras
esperar más de quince minutos decidimos marcharnos. Quizás en otra ocasión le
demos una oportunidad. Y llegamos a la plaza del pueblo y allí un mesón el de la Posada de
Perico, un lugar con el encanto de esos bares de pueblo donde se reúnen los
lugareños a jugar a las cartas y tomar un café o una copa. Comimos unos
bocadillos de calamares que nos supieron a gloria y cogimos fuerzas para seguir
subiendo la cuesta que lleva hasta el monasterio.
Impresionante.
Nada más ver una de las torres ya te recuerda a El Escorial y en la visita nos
enteramos de que efectivamente este gran edificio fue construido por un
discípulo de Juan de Herrera, y le llaman el Escorial de la Mancha. La puerta
magnífica, de estilo churrigueresco, conchas y la cruz de Santiago por toda la
decoración tanto dentro como fuera, un patio austero pero impresionante, el
aljibe, la iglesia... digno de ver.
Hicimos el recorrido con una audio guía, por 4 euros todo muy bien explicado.
Si no habéis estado, no os lo perdáis está solo a 100 kilómetros de Madrid y merece una visita.
