Hay sabores y texturas que te transportan a la infancia.
Hoy mi hermano me ha sorprendido con unos bizcochos Noel, de Lerma.
Nos los compraba nuestra madre para desayunar con chocolate, y al lado siempre el vaso de agua con azúcar. "Una bomba, diríamos hoy en día", pero entonces el azúcar no tenía tan mala prensa, incluso "era buena para el cerebro".
En mi pueblo, de muy pocos habitantes, no había tienda, y pasaban a vender con una furgoneta un día a la semana.
- ¿Tu te acuerdas quién los traía? Sería "el Sierra".
- No, yo creo que era mas mayorcita y ya venía "el andaluz" o "el de Acedo".
Cada uno tenía, o teníamos, nuestro mote. Tocaban el claxon y hacían dos o tres paradas, una en el barrio arriba y otra en el de abajo.
Del Sierra me acuerdo poco, tuvo un accidente siendo yo muy pequeña.
El andaluz recuerdo que venía los viernes. Yo le hacía la lista a mi madre; arroz, fideos, azúcar, sal, vinagre... unas galletas, y pagábamos con 100 pesetas. Los tebeos nos los daba gratis, cogías dos o tres y a la semana siguiente los devolvías y te llevabas otros tantos. Debía ser una deferencia hacia los niños, sin ánimo de lucro.
El de Acedo ya venía con un camión y además de alimentación traía mudas, calcetines o pijamas, y mas surtido de galletas; las cuadraditas de barquillo que no recuerdo la marca, las Artiach de nata o las Chiquilín.
Quizás de vez en cuando comprábamos unas pipas. Y estos eran nuestros caprichos, el resto de dulces que comíamos eran caseros, las galletas de nata, las rosquillas, las natillas, o el flan para "gastar" los huevos.
