Paramos casi exclusivamente porque estábamos ya cerca de la frontera con España y era hora de comer, pero nos encontramos con una bonita iglesia en la que destaca su retablo, esculpido en piedra.
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Comimos en el restaurante A Floresta, en la Rua Francisco de Passos. De nuevo impresionante la calidad precio: sopa de verduras, rodaballo y bacalao.
En todo Portugal hemos comido estupendamente gracias al plato del día, que además no hace distinción en precio entre días laborables o festivos. Comida casera muy bien elaborada, las sopas de verduras levantan el ánimo y de segundo casi siempre hemos elegido el plato de pescado. Buen pan y buen vino.
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Y para terminar, en frente de la Iglesia de la Misericordia compramos pan de varios tipos, e iniciamos viaje de regreso.








